CCOO de Castilla y León | 5 abril 2026.

7-10-2025

CCOO Valladolid denuncia la grave irresponsabilidad del alcalde por bloquear la integración ferroviaria y seguir alimentando la quimera del soterramiento

    El futuro de la Sociedad Valladolid Alta Velocidad (SVAV) está en el aire. En el último Consejo de Administración se evidenció la falta de acuerdos entre el Ministerio de Transportes, Adif, Renfe, el Ayuntamiento de Valladolid y la Junta de Castilla y León lo que propición que el ministro, Óscar Puente, anunciara que llevará la disolución de la sociedad al Juzgado de lo Mercantil. El alcalde de la ciudad, Jesús Julio Carnero, considera que no existen motivos legales para poner fin a la SVAV.

    07/10/2025.
    Foto CCOOCyL

    Foto CCOOCyL

    CCOO Valladolid entiende que la consecuencia más grave de la postura del alcalde es que ha abocado a la inminente disolución de la Sociedad Valladolid Alta Velocidad (SVAV), y donde Carnero rompe los compromisos vigentes, frena la economía local y pone en riesgo inmediato inversiones e infraestructuras que podrían estar ya en marcha. Se pierden los tres pasos de Ariza, fundamentales para conectar con seguridad la Ciudad de la Comunicación, la zona de Cuarteles, La Farola y La Rubia; se frena la unión peatonal entre Pajarillos, Vadillos y el centro, se paraliza la sustitución del viaducto del Arco de Ladrillo por un túnel moderno, y se deja en el aire la nueva estación de autobuses intermodal. Todo esto impide avanzar hacia una Valladolid amable, cohesionada y sostenible, donde la movilidad y el espacio público estén al servicio de la ciudadanía y no de los cálculos partidistas.

    El único proyecto viable, asumido por todas las partes hasta la llegada de las promesas electorales que el propio alcalde sabe que no puede cumplir, es la integración ferroviaria en superficie, acompañada de un corredor de cercanías entre Medina, Valladolid y Palencia, con frecuencias inferiores a media hora. Este modelo no solo mejoraría la movilidad y el acceso al empleo, sino que generaría cientos de puestos de trabajo directos e indirectos durante las obras y dinamizaría la economía local, revalorizando los barrios y atrayendo nueva actividad industrial y logística.

    Además, permitiría consolidar a Valladolid como el principal nodo de comunicaciones hacia el norte de España, un papel estratégico que se perdería tanto con el soterramiento —por su menor capacidad de vías— como ahora, con la paralización de la integración. Es decir: ni soterramiento ni integración, un perder-perder que deja a la ciudad sin futuro. El alcalde está siendo como el perro del hortelano: ni come ni deja comer. Y con esa actitud, hipoteca el futuro de Valladolid, bloquea su desarrollo y condena a la ciudad a perder su posición estratégica, su potencial, dinamismo y su esperanza.

    Mientras tanto, la llamada “mesa del soterramiento” no es más que un instrumento de blanqueamiento del alcalde, una escenificación sin contenido real que mantiene vivo un relato ficticio. Hablar del soterramiento a estas alturas, con un coste que superaría los 8.000 euros por cada vecino y que requeriría más de 30 años para completarse si fuera técnicamente posible, es una burla a la ciudadanía y una falta de respeto a la inteligencia colectiva de Valladolid.

    La ciudadanía de Valladolid no es ingenua y sabe que esta deriva solo conduce a la parálisis, la pérdida de oportunidades y el aislamiento.